
Podrán observar cómo, por culpa de los efluvios tóxicos procedentes de los ejemplares de Ojodepez, apenas podían artricular palabras. Incluso El otro Samu tuvo que mascar hoja de coca para sobreponerse.
Este es el magno resultado del cúmulo de despropósitos en el que se convirtío el stand en esos instantes... y nuestras vidas a partir de ese momento.